¿Qué significa ser rico? Una comparación entre España y Estados Unidos que incomoda pero aclara

Por qué creer que ganar 100.000 euros al año es ser rico dice más de un país que de sus ciudadanos

Uno de los grandes malentendidos contemporáneos sobre economía y desigualdad en países desarrollados gira en torno a una palabra difícil de definir con precisión, pero fácil de usar para atacar o reivindicar: rico. ¿Quién es rico? ¿A partir de qué ingreso o patrimonio puede considerarse que una persona ha alcanzado el umbral de la opulencia? ¿Y por qué esas cifras parecen tan diferentes en Estados Unidos y España?

La comparación no es solo interesante por sus implicaciones fiscales o sociológicas. Lo es también porque revela dos estructuras económicas muy distintas, con consecuencias profundas sobre productividad, acumulación de capital, crecimiento y movilidad social.

¿Rico según quién? Ingresos y patrimonio en cifras

Ingresos y patrimonio en España

Según la Encuesta de Condiciones de Vida del INE (2023), el ingreso medio bruto por hogar fue de 34.821 euros anuales, y el ingreso mediano fue de 29.642 euros. Es decir, la mitad de los hogares españoles vive con menos de esa cifra.

En cuanto al patrimonio, según el Banco de España (Encuesta Financiera de las Familias, 2020), el patrimonio neto mediano de los hogares era de 122.500 euros, y el patrimonio medio de 316.300 euros.

Para entrar en el 10% más rico en España, en términos de ingresos, se estima que hay que ganar al menos 55.000 euros netos al año por hogar. Y para entrar en el 1%, se calcula que hacen falta ingresos superiores a 150.000 euros netos anuales por hogar.

En patrimonio, los datos son aún más llamativos. Según la Agencia Tributaria, en 2022 solo 852 personas en toda España declaraban un patrimonio superior a 30 millones de euros. Y para entrar en el 1% más rico en patrimonio, un hogar necesita alrededor de 1,2 millones de euros netos.

Ingresos y patrimonio en Estados Unidos

La Oficina del Censo de EE. UU. y los datos del IRS ofrecen una imagen muy diferente.

El ingreso medio por hogar en EE. UU. fue de $91.400 en 2022, y el ingreso mediano fue de $74.580. El salario medio por hora ronda los $33,5, frente a los aproximadamente €13-15 en España.

El 10% superior de los hogares estadounidenses empieza en ingresos de unos $210.000 anuales, mientras que para entrar en el 1% se necesitan más de $650.000 anuales.

En patrimonio, hay más de 200.000 hogares con un patrimonio neto superior a $30 millones. Para entrar en el 1% superior por patrimonio, se estima que un hogar necesita más de $11 millones netos, y para el top 0,1% más de $43 millones.

¿Entonces, los estadounidenses son más ricos?

Sí, objetivamente. No solo hay muchos más ricos, sino que además el ciudadano medio también es más rico. La distancia no está solo en la cúspide de la pirámide, sino en su base y en su centro.

En otras palabras: España no es un país de ricos, ni siquiera moderadamente ricos, y eso explica muchas cosas.

El sistema económico español es una economía de rentas moderadas, de baja productividad media, escasa acumulación de capital empresarial e inversión, y una concentración muy fuerte del ahorro en vivienda de uso propio.

Frente a ello, la economía estadounidense es una máquina de producción de capital humano y financiero, con todo lo que eso conlleva: una desigualdad más marcada, sí, pero también una mayor capacidad para financiar ideas, empresas, ciencia, universidades, cultura o infraestructuras.

El espejismo del “rico español”

En este contexto, es comprensible que muchas personas en España consideren que ganar 100.000 euros brutos al año o tener una vivienda y 200.000 euros en fondos indexados equivale a “ser rico”.

Y, en cierto sentido, lo es… dentro del marco español. Pero desde una perspectiva internacional (y especialmente estadounidense), eso es más bien una clase media acomodada tirando a media alta.

¿Por qué esta diferencia de percepción?

  • Escasez de ricos reales en España: cuando casi nadie gana más de 150.000 euros, quien lo hace parece millonario.
  • Baja movilidad del capital: en EE. UU. es más fácil interactuar con verdaderos ricos; en España, están más alejados social y físicamente.
  • Cultura económica diferente: en EE. UU. el “1%” es una categoría reconocible. En España dominan conceptos vagos como “mileurista” o “clase media”.

¿Y qué importa más: los ricos o la mayoría?

La presencia de ricos es relevante, pero más importante es el bienestar económico general y el rendimiento económico del capital humano.

Un país sano económicamente no se mide solo por su número de millonarios, sino por:

  • La calidad de vida del ciudadano medio.
  • La capacidad de un profesional cualificado de alcanzar buenos ingresos.
  • La disponibilidad de capital para emprender, contratar y escalar.
  • La facilidad de acumular ahorro y patrimonio.

España tiene retos importantes: el retorno económico de su capital humano es bajo; sus élites profesionales tienen difícil alcanzar su potencial; y su mercado de capitales es pequeño y desconectado del tejido productivo.

En EE. UU., un ingeniero, médico, abogado o programador puede ganar fácilmente entre $150.000 y $400.000 anuales. No son ricos, pero son productivos y bien remunerados. Son la base de una economía dinámica.

Una idea para pensar

Quizá una de las trampas más insidiosas de la comparación España-EE.UU. no es que allí haya más ricos, sino que eso distorsiona la percepción de qué significa prosperar.

En Nueva York o Palo Alto, rodeado de mansiones y colegios a 60.000 dólares al año, uno puede pensar que “ganar medio millón no es tanto”. Y, en ese contexto, no lo es. Pero eso no significa que no sea riqueza en términos absolutos.

Las cifras importan, pero más importante es el contexto económico e institucional que permite que esas cifras signifiquen algo más que un número.

¿Y ahora qué?

Este artículo no pretende ofrecer una conclusión cerrada. No se trata de declarar que España está condenada a la mediocridad ni que el modelo estadounidense sea ideal. Es una invitación a reflexionar sobre las condiciones estructurales del crecimiento, la productividad y la creación de riqueza.

Quizá la pregunta no sea si hay muchos ricos, sino si hay suficientes ciudadanos capaces de ser productivos, ahorrar, invertir y construir algo más allá de la mera supervivencia.

Deja un comentario